Luzmila, el oro del Potosí

Por Hernán Navarro y Nicolás Falcoff

Son muchos los motes que se han utilizado para describir a Luzmila Carpio Sangüesa: algunos la llaman “El Ruiseñor del Altiplano”; ella, a su vez, se declara “una artista compositora de la cultura quechua”. Lo que sí queda claro es que esta mujer nacida en la comunidad Ayllu Panacachin, Qala Quala, en la región de Potosí, es una fiel embajadora de la cultura precolombina de nuestra América.


“La Madre Tierra necesita paz”, implora Luzmila en cada entrevista, siguiendo el mandato familiar inculcado por su madre. Mucho antes de transformarse en la voz de los andes, apenas una niña, hablaba con las flores y se relacionaba con las plantas y la naturaleza de una manera especial: "Mi madre era una enciclopedia de ecología: le cantábamos al campo”, afirma esta hija del norte potosino. Y como si fuera poco, sostiene que “la observación de los animales, del sonido, del silencio, del color de las flores, son tantos signos que se deben descifrar para vivir en armonía los unos con los otros”.

A los once años, en otra ciudad minera de Bolivia, el canto llamó a su puerta. Así fue que se paseó de estudio en estudio de diversas radios, en donde comenzó a deslumbrar gracias a su voz sentida y penetrante. Así fue que en 1969, tras ganar algunos concursos y fama de gran cantora, pudo grabar sus primeras obras.

Su canto particular reformula la tradición de sus raíces con versos y composiciones política e históricamente comprometidos. “Cantar es tener una conciencia política”, asegura y cumple. Entre otras cosas, porque ayudó a impulsar la construcción de dos dispensarios, un laboratorio de análisis médicos para tuberculosos y proyectos de construcción de rutas para que algunas comunidades que estaban aisladas entre sí puedan comunicarse. Además de la instalación de agua potable en varias regiones potosinas y proyectos de alfabetización.

En 2006, durante el cierre de la 18° Asamblea del Parlamento Indígena Americano, fue nombrada por el presidente de Bolivia, Evo Morales Ayma, embajadora del país andino en Francia. “Vamos sumando intelectuales, profesionales, hermanos indígenas, artistas, para que puedan ayudarnos en este proceso de cambio", había dicho -entonces- el mandatario boliviano.

Entre sus inquietudes, también toma un lugar jerárquico el interés por proscribir el racismo, tan instalado en su país: “el racismo era cosa del pasado, pero ahora nos despertamos sabiendo que no es así, que lo llevamos dentro, que convivimos con él”, dice.

“Luzmila Carpio, recorre el mundo para hacer conocer la voz de su pueblo y luchar por el respeto de su identidad, porque cuando ella canta, no es ella sola, sino que son generaciones milenarias que pasan por su voz”, como bien define su página web oficial.

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