Artista y Titulo
1- HUASCAR BARRADAS Tonada de luna llena
2- LILIANA MONTES Camarón
3- BAJO SOSPECHA La danza del gallo patuleco
4- ASTILLERO Piramides
5- CURUPIRA El gallo
6- JESUS SAYA El son del loro
7- PAITO SIXTO SILGADO La llorona
8- PETRONA MARTINEZ El hueso
9- AYNUR Kece Kurdan
10- GÖKSEL Ayrilik gunu
11- MALIETES Syrto karagouniko
12- URIEL KITAY Armenian flower
13- STRINGMANSASSY Headless
14- CODA Latin quarter
15- MATTHIAS ARFMANN Overture to the flying dutchman
16- CHE PAPUSA Plaza francia
17- MELANCOLIA URBANA Freedom dub
Casos y Cosas (Australia)
Didgeridoo
Por Estefanía Abamonte
Los aborígenes australianos describían una serpiente en el arco iris como el puente entre la tierra y el cielo. Ella emitía un sonido que lograba unir la conciencia con las leyes invisibles y la energía de la Naturaleza.
La creencia ancestral de la serpiente del arco iris hace referencia al Didgeridoo, un instrumento de viento que han dejado como legado los aborígenes del norte de Australia.
El didgeridoo es un instrumento milenario, se ha encontrando plasmado en pinturas rupestres por el continente asutraliano que lo demuestran. Originalmente es una rama de eucalipto vaciada naturalmente por las termitas. Ahuecándolo lo convierten en un potente amplificador de sonido.
Los aborígenes de Australia lo nombran como yidaki, que traducido significa “como el cuello del emu”, un animal que habita en Australia. Didgeridoo es el término que asignaron al instrumento los primeros colonos ingleses, ya que al ser interpretado por los aborígenes, parecía emitir esta palabra.
Existen varias leyendas acerca de su creación. Una de ellas transcurre en el denominado “tiempo del sueño”. Para los pueblos originarios australianos este término se refiere al momento en que el mundo estaba formándose. En esta historia un grupo de aborígenes australianos estaba buscando leña para hacer fuego. Habiendo encontrado la suficiente cantidad de ramas, volvieron al campamento y comenzaron con los preparativos para hacer el fuego y poder cocinar los alimentos. Durante estas tareas oyeron sorpresivamente un sonido muy particular. Pensaron que podía tratarse de espíritus malignos e interrumpieron inmediatamente sus quehaceres. Pero finalmente los sonidos eran agradables y buenos. Eran los espíritus del viento que soplaban en un tronco de eucalipto ahuecado por las termitas. Ellos los imitaron, y en poco tiempo también lograron sonidos semejantes. Esta tradición sigue hasta nuestros días, cuando tocan el didgeridoo para acompañar sus ritos y cuando toman contacto con los espíritus de sus antepasados. A raíz de su sonido hipnótico, el didgeridoo también es utilizad como medio de sanación, para entrar a otros estados de conciencia.
Por Estefanía Abamonte
Los aborígenes australianos describían una serpiente en el arco iris como el puente entre la tierra y el cielo. Ella emitía un sonido que lograba unir la conciencia con las leyes invisibles y la energía de la Naturaleza.La creencia ancestral de la serpiente del arco iris hace referencia al Didgeridoo, un instrumento de viento que han dejado como legado los aborígenes del norte de Australia.
El didgeridoo es un instrumento milenario, se ha encontrando plasmado en pinturas rupestres por el continente asutraliano que lo demuestran. Originalmente es una rama de eucalipto vaciada naturalmente por las termitas. Ahuecándolo lo convierten en un potente amplificador de sonido.
Los aborígenes de Australia lo nombran como yidaki, que traducido significa “como el cuello del emu”, un animal que habita en Australia. Didgeridoo es el término que asignaron al instrumento los primeros colonos ingleses, ya que al ser interpretado por los aborígenes, parecía emitir esta palabra.
Existen varias leyendas acerca de su creación. Una de ellas transcurre en el denominado “tiempo del sueño”. Para los pueblos originarios australianos este término se refiere al momento en que el mundo estaba formándose. En esta historia un grupo de aborígenes australianos estaba buscando leña para hacer fuego. Habiendo encontrado la suficiente cantidad de ramas, volvieron al campamento y comenzaron con los preparativos para hacer el fuego y poder cocinar los alimentos. Durante estas tareas oyeron sorpresivamente un sonido muy particular. Pensaron que podía tratarse de espíritus malignos e interrumpieron inmediatamente sus quehaceres. Pero finalmente los sonidos eran agradables y buenos. Eran los espíritus del viento que soplaban en un tronco de eucalipto ahuecado por las termitas. Ellos los imitaron, y en poco tiempo también lograron sonidos semejantes. Esta tradición sigue hasta nuestros días, cuando tocan el didgeridoo para acompañar sus ritos y cuando toman contacto con los espíritus de sus antepasados. A raíz de su sonido hipnótico, el didgeridoo también es utilizad como medio de sanación, para entrar a otros estados de conciencia.
Intrumentos Clandestinos (El Duduk)
Por Mario Efrón
El instrumento de hoy nos permite acercarnos a una cultura milenaria y desbordante de riqueza, la cultura Armenia. Si nos focalizamos en la música de este pueblo nos encontraremos con el que seguramente es su instrumento más representativo, el Duduk.
Se trata de un aerófono perteneciente al grupo de los oboes. Está formado por un cuerpo recto de madera con 8 orificios delanteros y uno posterior. El sonido se produce cuando el músico sopla a través de una lengüeta doble hecha de bambú.
Gagik Gasparyan es un talentoso músico armenio que desde hace ya varios años difunde su cultura en nuestro país. Tuve la oportunidad de entrevistarlo y compartir, a parte de un exquisito café armenio, su pasión por la música y la cultura de su pueblo.
Y si hablamos de sentimientos sin duda tenemos que hablar de la calidez y profundidad del sonido del duduk. Como dice el propio Gagik este instrumento “tiene el don de perturbar nuestras emociones”. Los armenios han tenido durante su historia grandes momentos de sufrimiento. En 1915 comienza lo que luego se conocería como el Genocidio Armenio en el que miles de armenios perdieron la vida a mano de los turcos. Las melodías lentas y el sonido aterciopelado del duduk parecen expresar sentimientos de esa época.
Para fabricar este instrumento se tornea una pieza de madera a la cual luego se le practican los agujeros. Antiguamente los artesanos utilizaban tornos manuales que se hacían girar con sogas. Algo muy curioso que me contó Gagik es que hay un luthier que fabrica el tubo melódico y otro dedicado exclusivamente a la fabricación de las lengüetas de bambú.
Si bien podemos encontrar este instrumento en otros países de la región como Iran, Turquía y Azerbaiyán, sin duda es en Armenia donde consiguió un mayor desarrollo. Actualmente lo podemos escuchar tocado tanto en forma solista como en la orquesta folclórica armenia.
Gagik Gasparyan desarrolla una importante actividad artística y docente. Pueden comunicarse con él para tomar clases de Duduk escribiendo al correo electrónico: gagikgasparyan@hotmail.com. Y si quieren disfrutar de su música pueden conseguir en las disquerías de todo el país dos discos editados recientemente por al sello RGM: Armenia Duduk, donde interpreta música folclórica de su tierra y el disco Un viaje espiritual, en el que interpreta música religiosa armenia.
Se trata de un aerófono perteneciente al grupo de los oboes. Está formado por un cuerpo recto de madera con 8 orificios delanteros y uno posterior. El sonido se produce cuando el músico sopla a través de una lengüeta doble hecha de bambú.
Gagik Gasparyan es un talentoso músico armenio que desde hace ya varios años difunde su cultura en nuestro país. Tuve la oportunidad de entrevistarlo y compartir, a parte de un exquisito café armenio, su pasión por la música y la cultura de su pueblo.
Y si hablamos de sentimientos sin duda tenemos que hablar de la calidez y profundidad del sonido del duduk. Como dice el propio Gagik este instrumento “tiene el don de perturbar nuestras emociones”. Los armenios han tenido durante su historia grandes momentos de sufrimiento. En 1915 comienza lo que luego se conocería como el Genocidio Armenio en el que miles de armenios perdieron la vida a mano de los turcos. Las melodías lentas y el sonido aterciopelado del duduk parecen expresar sentimientos de esa época.
Para fabricar este instrumento se tornea una pieza de madera a la cual luego se le practican los agujeros. Antiguamente los artesanos utilizaban tornos manuales que se hacían girar con sogas. Algo muy curioso que me contó Gagik es que hay un luthier que fabrica el tubo melódico y otro dedicado exclusivamente a la fabricación de las lengüetas de bambú.
Si bien podemos encontrar este instrumento en otros países de la región como Iran, Turquía y Azerbaiyán, sin duda es en Armenia donde consiguió un mayor desarrollo. Actualmente lo podemos escuchar tocado tanto en forma solista como en la orquesta folclórica armenia.
Gagik Gasparyan desarrolla una importante actividad artística y docente. Pueden comunicarse con él para tomar clases de Duduk escribiendo al correo electrónico: gagikgasparyan@hotmail.com. Y si quieren disfrutar de su música pueden conseguir en las disquerías de todo el país dos discos editados recientemente por al sello RGM: Armenia Duduk, donde interpreta música folclórica de su tierra y el disco Un viaje espiritual, en el que interpreta música religiosa armenia.
Curupira, la leyenda y la música en la simultaneidad de los tiempos
Por M. Emilia Sganga
Comprender que el pasado, la tradición y la memoria pueden ser vividas y rememoradas de diferentes formas, es cosa seria. Llegar a ese punto hace el camino más complejo y rico para quienes lo transitan, comprender que no existe una única visión de las vivencias pasadas, e inclusive de aquellas que no hemos vivido, que nos han contado, hace que nuestras propias experiencias sean transitadas de formas muy diversas.
La agrupación colombiana Curupira, hoy, es la condensación de variadas experiencias sonoras que se sobreimprimen en diferentes creaciones musicales. Intentando esta cuestión, rica y compleja, de lo que entendemos comúnmente como “recuperar las raíces”. Al mismo tiempo retoman en su propio nombre a la Leyenda de Curupira, un espíritu guardián de animales y plantas de la Amazonía indígena, una especie de duende protector de la naturaleza que recuerda "no tomar del bosque más de lo necesario", poniendo límite a la ambición y a la desmesura. Mitológicamente el Curupira desvía y pone trampas a quienes intentan hacer algún tipo de daño a la zona Amazónica, caracterizado por tener sus píes dados vuelta, es decir, que este ser mira hacia adelante y sus pies se posicionan hacia atrás.
Pensar esto en la agrupación colombiana Curipira, lleva a quien oye su música a esta contradicción necesaria. Comprender la tradición como algo no acabado, como un reelaboración constante, en permanente creación, nos acerca a esta agrupación colombiana.
Los integrantes de ella son: Juan Sebastián Monsalve (director y bajo eléctrico); Jorge Sepúlveda (tambora y batería); David Cantillo (voz líder y percusión); Iván Altafulla (guitarra y cuatro llanero); Richard Arnedo (tambor alegre y batería); María José Salgado (percusión y gaitas); Andrés Felipe Salazar (percusión y gaitas); Urián Sarmiento (gaitas, marimba y percusión). Basan sus sonidos en los ritmos de las costas Pacifica, Atlántica, los llanos orientales y la selva Amazónica, tales como chalupa, fandango, puya, burlengue, champeta, currulao (del Pacífico) y joropo, que se mezclan con ritmos contemporáneos como jazz, rap, rock y funk.
La formación académica de Juan Sebastián Monsalve, el director del proyecto, refleja su inclinación por rescatar la música tradicional colombiana y entrelazarla con otros sonidos y ritmos provenientes de otras culturas, en particular la hindú. Él mismo prefiere denominar lo que hacen como nueva música colombiana, "Es música de vanguardia, pero con base en nuestra tradición folclórica”. Los ocho integrantes que habitan en este proyecto, han dedicado parte de su formación a la investigación de las músicas tradicionales colombianas y algunos de ellos, forman parte de otras agrupaciones como Aterciopelados, Fonseca, La 33 y María Mulata.
Curupira comenzó en el año 2000, ya tienen tres discos finalizados. Su primer trabajo fue “Pa’ lante Pa’ trá”, editado en marzo de 2000, el álbum recogía sonoridades selváticas con sonidos de tambores, maracas y gaitas. Al presentar este disco, los integrantes de Curupira anunciaban: "Estamos caminando hacia un lenguaje propio y actual basándonos en las raíces". El segundo disco de Curupira fue “Puya que te coge” (2001) y el último álbum que editaron fue “El fruto”, donde participan Sixto Silgado Paito y José A. Torres Gualajo, interpretes y compositores de la gaita hembra y de la marimba de chonta, respectivamente. Y contó, además, con el acompañamiento del legendario cantador de llaneros, Cholo Valderrama.
En Curupira cualquier intento de rigidez se desvanece, los géneros y ritmos estallan en pedazos creando sus propios lenguajes, con los que van investigando en forma constante y a los que no se atan, jugando con sus propias propuestas. Creando la posibilidad de expresar dos tiempos diferentes en un sólo espacio, en forma simultánea, intentando reunir actitudes contradictorias, es por esto, quizás, que la leyenda del Curupira, tome vida en la propuesta de este agrupación.
La agrupación colombiana Curupira, hoy, es la condensación de variadas experiencias sonoras que se sobreimprimen en diferentes creaciones musicales. Intentando esta cuestión, rica y compleja, de lo que entendemos comúnmente como “recuperar las raíces”. Al mismo tiempo retoman en su propio nombre a la Leyenda de Curupira, un espíritu guardián de animales y plantas de la Amazonía indígena, una especie de duende protector de la naturaleza que recuerda "no tomar del bosque más de lo necesario", poniendo límite a la ambición y a la desmesura. Mitológicamente el Curupira desvía y pone trampas a quienes intentan hacer algún tipo de daño a la zona Amazónica, caracterizado por tener sus píes dados vuelta, es decir, que este ser mira hacia adelante y sus pies se posicionan hacia atrás.
Pensar esto en la agrupación colombiana Curipira, lleva a quien oye su música a esta contradicción necesaria. Comprender la tradición como algo no acabado, como un reelaboración constante, en permanente creación, nos acerca a esta agrupación colombiana.
Los integrantes de ella son: Juan Sebastián Monsalve (director y bajo eléctrico); Jorge Sepúlveda (tambora y batería); David Cantillo (voz líder y percusión); Iván Altafulla (guitarra y cuatro llanero); Richard Arnedo (tambor alegre y batería); María José Salgado (percusión y gaitas); Andrés Felipe Salazar (percusión y gaitas); Urián Sarmiento (gaitas, marimba y percusión). Basan sus sonidos en los ritmos de las costas Pacifica, Atlántica, los llanos orientales y la selva Amazónica, tales como chalupa, fandango, puya, burlengue, champeta, currulao (del Pacífico) y joropo, que se mezclan con ritmos contemporáneos como jazz, rap, rock y funk.La formación académica de Juan Sebastián Monsalve, el director del proyecto, refleja su inclinación por rescatar la música tradicional colombiana y entrelazarla con otros sonidos y ritmos provenientes de otras culturas, en particular la hindú. Él mismo prefiere denominar lo que hacen como nueva música colombiana, "Es música de vanguardia, pero con base en nuestra tradición folclórica”. Los ocho integrantes que habitan en este proyecto, han dedicado parte de su formación a la investigación de las músicas tradicionales colombianas y algunos de ellos, forman parte de otras agrupaciones como Aterciopelados, Fonseca, La 33 y María Mulata.
Curupira comenzó en el año 2000, ya tienen tres discos finalizados. Su primer trabajo fue “Pa’ lante Pa’ trá”, editado en marzo de 2000, el álbum recogía sonoridades selváticas con sonidos de tambores, maracas y gaitas. Al presentar este disco, los integrantes de Curupira anunciaban: "Estamos caminando hacia un lenguaje propio y actual basándonos en las raíces". El segundo disco de Curupira fue “Puya que te coge” (2001) y el último álbum que editaron fue “El fruto”, donde participan Sixto Silgado Paito y José A. Torres Gualajo, interpretes y compositores de la gaita hembra y de la marimba de chonta, respectivamente. Y contó, además, con el acompañamiento del legendario cantador de llaneros, Cholo Valderrama.
En Curupira cualquier intento de rigidez se desvanece, los géneros y ritmos estallan en pedazos creando sus propios lenguajes, con los que van investigando en forma constante y a los que no se atan, jugando con sus propias propuestas. Creando la posibilidad de expresar dos tiempos diferentes en un sólo espacio, en forma simultánea, intentando reunir actitudes contradictorias, es por esto, quizás, que la leyenda del Curupira, tome vida en la propuesta de este agrupación.
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