Casos y Letras: Javier Heraud

Por M. Emilia Sganga

El poeta y sus preguntas, como ventanas que se abren en cada letra, como formas de conectarnos desde lo escrito y atravesando las distancias. El poeta que deja de ser uno, que deja de ser, y que en esa misma pérdida nos sorprende apareciendo. ¿Un fantasma? No, el eterno retorno de las preguntas, de las descripciones y de las respuestas por llegar. El movimiento mismo de cada respuesta, de cada pregunta que se desvanece para volver a comenzar desde otro lugar, desde otro tiempo.


El poeta, Javier Heraud, inicia este recorrido, desde un río, desde un árbol, desde el otoño, la muerte, la vida, el deseo y la pregunta. Nombrarlo, haciendo que su obra y su vida retornen, recordando su lucha y retomando lo que construyó para seguir preguntándonos.

Javier Heraud nació el 19 de enero de 1942, en la ciudad de Lima, en Miraflores, ciudad que siempre recordará. Una vez finalizados sus estudios secundarios, ingresó a la Facultad de Letras de la Universidad Católica del Perú y al mismo tiempo comenzó a desarrollarse como profesor de castellano e inglés. Por entonces sus escritos ya comenzaban a circular. Pero fue en 1960, a sus 18 años, cuando publica su primer libro de poemas El río, en el que presenta cantos donde él mismo se asume como río fluyente, como río de tiempo, y aquí aparece ya su propio devenir hecho palabra, hecho poesía.

Al poco tiempo obtiene junto César Calvo, el Primer Premio en el concurso “El poeta Joven del Perú”, convocado por la revista Cuadernos trimestrales de Poesía, de Trujillo, con el libro El Viaje. En esta publicación el viaje es el protagonista, pero va tomando diversas y complementarias significaciones: como viaje imaginario por sus propios laberintos, como referencia concreta sobre sus propias andanzas por París, Moscú, Luxemburgo, Cuba, Madrid y por el propio país natal. Estas conjunciones van construyendo al viaje como algo mítico, donde se anclan diversos sentidos en perpetuo movimiento, como el río, en su libro anterior.

Al mismo tiempo en sus poesías aparece un dolor mesurado, como un fondo existencial en donde se refieren las palabras y en donde pasa de lo individual a lo colectivo, en forma permanente.
Su poesía es inseparable de la lucha política. A comienzos de 1961 se inscribe en las filas del Movimiento Social Progresista (MSP), y desde allí participa en la manifestación en repudio a la visita de Richard Nixon al Perú, por entonces vicepresidente de los EE.UU.

Durante julio de ese año viaja a Moscú, invitado al Forum Mundial de la Juventud, como representante del Movimiento Social Progresista, como testimonio de este viaje escribe los poemas: “Plaza Roja 1961” y “En la Plaza Roja”. Luego continúa su viaje por Asia, París y Madrid, para regresar a Lima en octubre.

Al regresar renuncia al Movimiento Social Progresista y al poco tiempo recibe una beca para estudiar cine en Cuba. En La Habana conoce la Plaza de la Revolución y mantiene un encuentro con Fidel Castro,
“Vi a Fidel de piedra movediza escuché su voz de furia incontenible hacia los enemigos. Y recordé mi triste patria, mi pueblo amordazado, sus tristes niños, sus calles despobladas de alegría”.
Se inscribe en la Universidad de la Habana como estudiante de Literatura, mientras continúa sus estudios en cine. En 1963 retorna al Perú desde La Paz, Bolivia; para librar “la guerra contra el imperialismo” como integrante del Ejército de Liberación Nacional.

El 15 de mayo Heraud y dos compañeros más se desplazaban en un frágil bote en las aguas del río Madre de Dios, al ser vistos por un destacamento policial colocaron un trapo blanco en uno de los remos del bote, como signo de rendición. Sin embargo, la policía descargó toda su munición sobre ellos. A los 21 años de edad el poeta Javier Heraud desaparece físicamente pero su obra se vuelve inmortal. Póstumamente obtiene el Primer Premio de Poesía en los Juegos Florales convocados por la Federación universitaria de San Marcos, con su poemario “Estación Reunida”.

El poeta que deja de ser, y en esa misma pérdida nos sorprende apareciendo en cada palabra, en cada sensación y en cada pregunta.


Krishna o los deseos - Javier Heraud

A. C. B., interminable amigo.
Keshava, ¿con qué objeto mataría
a los míos? No deseo la victoria,
los reinos ni los placeres. 

Bhagavad-Gita. I, 31


I
No deseo la victoria.
La victoria es siempre pasajera,
no queda después sino la muerte,
el regocijo, el gozo falso de la vida:
una hierba caída sobre el hombro,
un refugio que aguarda su retorno,
un escondido llanto después de la
batalla y la victoria.
Un vaso palpitante,
un cuerpo en perpetuo movimiento,
un cenicero vacío eternamente
son más efímeros quo la victoria,
efímera y vana, cansada y agotante.
Difícil es remar a remo suelto,
difícil llenar el vaso lleno,
difícil cambiar el tiempo ajeno.
No deseo la victoria ni la muerte,
no deseo la derrota ni la vida,
sólo deseo el árbol y su sombra,
la vida con su muerte.
II
No deseo los reinos.
Un reino es siempre mensurable:
tantos metros y distancias,
tantos bueyes y caballos lo
separan de otros reinos pasajeros.
No deseo ningún reino:
mi único reino es mi corazón cantando,
es mi corazón hablando,
mi único reino es mi corazón llorando,
es mi corazón mojado:
mi reino es mi seco corazón (ya lo dije)
mi corazón es el único reino
indivisible,
el único reino que nunca nos traiciona,
mi reino y mi corazón,
(ya tengo el corazón)
no deseo los reinos si tengo mi
pecho y mi garganta,
no deseo los valles ni los reinos.
III
No deseo los placeres.
No existe el placer sino la duda,
no existe el placer sino la muerte,
no existe el placer sino la vida.
(El mar lavará mi espíritu en las arenas,
lo lava todos los días en el recuerdo,
lo ha lavado con palabras,
el mar no es un placer sino una vida).
El mar es el reino de la soledad y el naufragio.
IV
No deseo sino la vida,
no deseo sino la muerte.
V
Descansar en el valle
que baña el río todas las tardes,
en las arenas que cubre el. mar
todas las noches,
en el viento que sopla en los ojos,
en la vida que alienta ya sin fuego,
en la muerte que respira el aire lleno,
en mi corazón que vive y muere diariamente.
Noviembre, 1960.


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