Lo que pasó en la semana del 31 de Julio


1- SEPTETO SANTIAGUERO "Tilo , Mejorana y Yerbabuena"
2- MUÑEQUITOS DE MATANZAS "Rumba pa los rumberos"
3- ORISHAS "Canto a Eleggua y a Xangó"
4- PABLO MILANES "Burgueses"
5- MUNA ZUL "Lyrics for Rodolfo"
6- TONANA "Mariquita, María"
7- LILIANA MONTES "Mañana me voy"
8- NOTA A PETRONA MARTINEZ "El congo no va a mi rosa"
9- SUSANA BACA "Caracundé"
10- EVA AYLLÓN "Azucar de caña"

Muñequitos de Matanzas

Por Magali Schwartzman

Corría octubre de 1952, en Cuba, cuando un grupo de jóvenes se encontraba en un bar en el barrio de La Marina de la ciudad de Matanzas, improvisando una canción de Arsenio Rodríguez, con cucharas, vasos y botellas. Luego de la aceptación del barrio decidieron formar un grupo musical para alegrar en las fiestas. Se llamaron “Guaguancó Matancero”, pero cada uno debía conseguir sus instrumentos por su cuenta, ya que era gente humilde, plomeros, albañiles, pero con sangre rumbera.
Los fundadores fueron: Florencio Calle “Catalino”, director, guagua y maracas, Esteban Lantrí “Saldiguera”, voz, Hortensio Alfonso “Virulilla”, voz y coros, Esteban Vega Bacallao “Chachá” tumbadora, Pablo Mesa “Juan Bosco”, salidor, Angel Pellado “Chácata”, cajón, Gregorio Díaz “Goyito”, conga, Juan Mesa voz segunda, improvisador.
El conjunto interpretó el “Guaguancó”, que es la variante de la rumba más popularizada, se originó en Cuba a raíz de la abolición de la esclavitud en la Isla en 1886. Después incluyeron en su repertorio el “Yambú”, un viejo estilo urbano de rumba que surge en los barrios humildes y más tarde la “Columbia”, una rumba rural bailada solamente por hombres. Además no solo tocan rumba, sino que también desde 1988, hacen música Yoruba, Abakuá y Brícamo.
El grupo comenzó con sus actuaciones en los barrios de la provincia de Matanzas y posteriormente en la Ciudad de La Habana, Cuba. Realizaron presentaciones en radio y televisión, en 1956 editaron su primera grabación de 78 rpm: “Los Beodos” en una cara y “Los Muñequitos” en la otra. En este último tema contaban las vicisitudes de los personajes de las tiras cómicas que aparecían en los periódicos, “Los Muñequitos”, siendo un éxito, fue así que el público de La Habana y Matanzas, rebautizó al grupo como “Los Muñequitos de Matanzas”, nombre con el que desde entonces son conocidos en todo el mundo.
La carrera internacional de “Los Muñequitos” comenzó en 1989, mostrando su disco “El guaguancó de Matanzas” con presentaciones en Inglaterra, Canadá, España, Francia, Italia, Suiza y Alemania.
En 1990, sacan su segundo CD llamado “Los Muñequitos de Matanzas” y en el ’92 realizan su primera presentación en Estados Unidos, cuando Dance Theater Workshop’s Suitcase organizó una gira de 10 semanas en 14 ciudades. En el mismo año grabaron “Rumba caliente”.
Tres años después, el grupo hizo una visita histórica a Puerto Rico donde fueron aclamados por miles de personas y los más representativos artistas caribeños. También han actuado en México, Brasil, Costa Rica y Colombia.
En 1996 presentaron su nuevo disco llamado “Ito Iban Echu” y dos años después “Vacunao”.
Se han presentado en escenarios con músicos como Chucho Valdés e Irakere, Juan Formell y Los Van Van, José Luis Cortés y NG La Banda, La orquesta Aragón, Gilberto Gil, El gran Combo de Puerto Rico, Willy Colón, Tito Nieves, El Conjunto Folklórico Nacional de Cuba, Cutumba, Yoruba Andabo, Omara Portuondo, Zenaida Romeu y Celia Cruz, entre otros.
Con muchos de estos artistas han compartido las grabaciones de “La rumba Soy Yo” en 2001, ganando un Grammy Latino en la categoría Mejor Álbum Folklórico.
A fines del año 2002, conmemorando su 50 Aniversario, editaron el disco titulado “Rumba de Corazón”, premiado como mejor disco de música folklórica en la séptima feria internacional CUBADISCO 2003 y nominado al mejor disco de música folklórica al Grammy latino 2003.
Tiempo más tarde han recibido dos nominaciones más al Premio Grammy Latino, en el 2007 por “Tambor de Fuego” y en el 2009 por “De’Palo pa’rumba”.
Los músicos y bailarines de “Los Muñequitos de Matanzas” son reconocidos por los cubanos y por todo el mundo como uno de los conjuntos más importantes en la preservación y difusión de las raíces africanas de la cultura cubana.

Sabores Clandestinos (México)

Por Hernán Navarro
“…Debes seguir floreciendo como un incendio, porque el norte es todo tuyo, todo entero. Todo entero”. Víctor Jara

La palabra chile nada tiene que ver con Chile, cuyo nombre proviene del quechua. Sin embargo, chile es un vocablo que nace del náhuatl, idioma de los mexicas. Los colonos, cuando conocieron este fruto que encendía pasiones y fuegos, le llamaron pimiento, debido a su sabor picante, comparándolo con las piperáceas originarias de la India y el Asia tropical.

Por entonces, un saco de pimienta, grano dominador del comercio europeo durante el Medioevo, valía lo que el oro. Y el oro –para los abusadores- valía bastante. Pero en otro momento se hará mención a esta maravillosa especia: como estamos en México, nos dedicamos al ají picante.

Si bien los productos originados en el nuevo continente tuvieron que esperar un largo tiempo para formar parte de las mesas europeas, el pimiento junto con el cacao, ambos originarios de México ambos utilizados como moneda de cambio por los aztecas, gozaron de una rápida admisión en el viejo mundo. El ají sustituía –siendo, también, más barato- aquello tan preciado que los viajeros habían ido a buscar: la pimienta; ergo, el médico español Andrés Laguna de Segovia, había bautizado este fruto como “pimienta de las indias”.

Gracias a la capsaicina, sustancia que genera ese ardor característico del chile, tiene propiedades extraordinarias para la salud. Según el colombiano Juan de Cárdenas, en su libro Problemas y secretos maravillosos de las Indias, el ají sirve como purificador de las entrañas: “sin ser purga, el chile suele ser purgativo, y esto es de suerte que sucede comerle uno de antenoche y obrar otro día como si hubiese tomado una recia purga”. Además, en este mismo volumen afirma que “por cuanto su agudeza de sus partes corta y limpia las flemas de la boca del estómago, las cuales tenían como empalagado el apetito”.

Pero las propiedades de este producto no se limitan. En Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales, otro médico español, Nicolás Bautista Monardes, escribió: “…conforta mucho, resuelve ventosidades, son buenos para el pecho y para los fríos de complexión; calientan y confortan, corroborando los miembros principales”.

Este componente básico de toda la gastronomía latinoamericana y asiática también puede funcionar como antiinflamatorio y antidiabético debido a que mejora el control postprandial de la insulina y disminuye el riesgo de diabetes de los obesos. Incluso, ayuda a quemar grasas.

Por otra parte, los chiles también son una fuente importante de vitaminas A y C. Su contenido en vitamina B6, potasio y magnesio es considerable, además favorece la absorción de hierro. También funciona como elemento inmunológico: no existe ciudad o pueblo con precariedad bromatológica que deje de usarlo en todas sus recetas.

Claro que un exceso en su utilización del ají picante puede causar graves irritaciones. Una forma válida de consumir este producto es quitándole las vainas y las semillas de su interior, debido a que son ellas las que poseen el mayor frenesí.

Las variedades de este producto son infinitas, existen los jalapeños, la guindilla, el rocoto y de árbol, entre otros. Se pueden consumir secos o frescos. Por supuesto que los deshidratados aportan un mayor escozor que los otros.

Pero como estamos en la ruta de la caña de azúcar, dejamos una receta por demás curiosa y original, mezclando este ingrediente con nuestro ya conocido chile picante: mermelada de ají, aderezo interesante para, entre otras cosas, acompañar la carne de cerdo o una tostada untada previamente con queso blanco.

Ingredientes:

*

300 grs de azúcar moreno de caña;
*

75 cc. de vinagre de Jerez u otro buen vinagre;
*

500 grs. De ajíes jalapeños u otro;
*

Media taza de agua.

Elaboración:

Cocinar lentamente todo junto, regulando bien el fuego, para que no salga vapor o al menos que casi no salga, hasta que los chiles estén bien cocidos.

Verter la mermelada todavía caliente en un frasco esterilizado. Una vez enfriada cerrarlo.

Casos y Letras: Nicolás Guillén

Por M. Emilia Sganga

Nacido en Camagüey, en el centro-este de Cuba, el 10 de Julio de 1902. Su padre, el periodista Nicolás Guillén Urra fue el director del único diario de la región en aquella época. Su actividad pública lo expuso a situaciones de persecución política, siendo asesinado en 1917 por tropas del gobierno.
Siendo el mayor de los hijos, Nicolás Guillén, comienza a trabajar para colaborar económicamente con su familia, su primer empleo fue de tipógrafo, ocupación que no le impidió continuar sus estudios.
Al finalizar la secundaria Nicolás Guillén ya gozaba de cierto reconocimiento en su ciudad natal, publicando sus primeros poemas en la revista Camagüey Gráfico.
El año 1920 lo encuentra trasladándose a La Habana, para comenzar sus estudios en Derecho, entusiasmo que abandona un año después regresando a Camagüey, para organizar y dirigir la revista “Lys” (publicación que dura 6 meses) y al mismo tiempo desempeñarse como redactor del diario El Camagüeyano. A partir de esta ocupación se aleja de la escritura poética durante 5 años, dedicándose de lleno al periodismo.
En 1926, regresa a La Habana y obtiene un trabajo en la Secretaría de Gobernación. En esa época conoce a Federico García Lorca (a quien dedicará varios poemas, en su libro Poema en cuatro angustias y una esperanza (1937) al desatarse la Guerra Civil Española).
Comienza a recopilar sus primeras poesías en Cerebro y corazón - que publicará varios años más tarde – y salen a luz sus libros de poesías Motivos de Son (1930) y Sóngoro Cosongo (1931), publicación que logra realizar gracias a haber ganado un abundante premio de lotería.
Para mediados de la década del ´30 EEUU controla la vida política cubana por vía económica, y comienza a observarse una fuerte segregación racial en toda la región. Este contexto influirá notablemente en los escritos poéticos de Guillén, donde su visión del mundo se liga de forma directa con las presiones económicas y políticas que recaían sobre Cuba.
Es necesario rescatar el carácter popular de su poesía, la tematización de lo que él nombra como tal, siendo quizás lo que la haga universal y al mismo tiempo contenedora de una fuerte denuncia social. Tanto el escritor como el lector aparecen en una igualdad de condiciones, construye un diálogo de ida y vuelta que enmarca la mayor parte de su poesía, y al mismo tiempo aparecen recursos rítmicos que hacen cantar sus estrofas, una fuerte tendencia hacia la memorización del texto que podría corresponder al rescate de cierta ligazón entre lo popular y la oralidad. Él mismo declarará: “poesía popular, que nutrida de nuestro propio mestizaje, vale decir de nuestra íntima cubanidad – no de lo negro anecdótico- trate de expresarlo en su más dramática dimensión” (1937)
En 1934 se produce en Cuba el golpe militar de Fulgencio Batista: la situación política y económica del país se agrava. En este año, publica su libro West Indies, Ltd. que muestra un mayor compromiso con la denuncia y donde la impronta social cobra aún más énfasis.
Viaja a España, en plena Guerra Civil, y allí se inscribe en el Partido Comunista, en el que militará hasta sus últimos días. En ese período escribe y edita su libro España: Poema en cuatro angustias y una esperanza (1937).
Al regresar a Cuba, acompañado por León Felipe la situación política es difícil y sin embargo en 1940 se presenta, sin éxito, como candidato a las elecciones para alcalde de la ciudad de Camagüey por el Partido Unión Revolucionaria Comunista.
Se compromete con el desarrollo cultural de la revolución Cubana y en 1960 se funda la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), la cual es preside hasta su muerte.
Publicará Prosa de prisa (1962) recopilación de sus textos periodísticos, crónicas, y comentarios sobre temas diversos, Balada (1963), Poemas de amor, Tengo y su Antología mayor (1964); en 1967 aparece El gran zoo, en 1969 sus Cuatro canciones para el Che, muerto en Bolivia en 1967 y en 1972 publica La rueda dentada y Diario que a diario.
El 17 de julio de 1989, a sus 87 años, fallece luego de padecer una larga enfermedad.
Si hay algo que sobresale de toda la obra de Nicolás Guillén es la construcción de su destinatario, aquella “gran mayoría”, y su recurrencia en temas como la explotación, la represión, la miseria y la injusticia, constituyendo al “negro” como símbolo del oprimido. Es importante remarcar que luego de la Revolución Cubana las formas de escritura de Nicolás Guillén comienzan tener un tinte alegre y confiado sin dejar de lado la ironía y la crítica.
Sus formas poéticas construyen una rítmica que seduce al lector, por lo que no es de extrañar que infinidad de músicos se hayan apropiado de sus letras para crear ritmos y cantos, como Ana Belén y Víctor Manuel en España, Pablo Milanés en Cuba, y el grupo chileno Quilapayún.